Sí, lo intento negar a veces, cuando veo que el futuro que me acecha sigue siendo tan oscuro como la economía de este país y pienso que hay millones de cosas más importantes en las que pensar cuando miro mi cuenta corriente y la pasividad que existe en las venas de mis paisanos. Lo oculto, lo maquillo, y me equivoco. Sigo siendo el mismo. A escondidas, en la cama, me vienen los recuerdos de mi infancia, de cómo me aprendí la presentación de Entre Rejas, o cómo cantaba A fuego Vivo con mi hermano. De cómo en el patio del colegio era capaz de interpretar entero el popurrí de Terror Terrorífico, y de lo que envidiaba a esos niños de la peña Nuestra Andalucía que hacían sus comparsas infantiles y juveniles.
Intento evitar el acordarme de lo feliz que era cuando mi hermano me llevaba al gallinero del Teatro Falla, de esa sesión de tarde de las Viudas, o cómo iba por la calle como un loco detrás de las agrupaciones para comprar libretos. Intento no acordarme de la Galerada al lado de mi casa, donde escuchaba los primeros premios del concurso y de las veces que fui a los ensayos de Martín y Martínez Ares, de la impresión que me llevé al escuchar aquellos Piratas, aún sin presentación.
A veces, reniego de haber escrito para el teatro, de haber expuesto mis sentimientos en las coplas, o haber intentado reírme de la vida a base de cuplé y cuarteta. Pero no puedo, es mi vida, es parte de ella, es superior a mi, es mi hobby y enfermedad, soy carnavalero, soy chirigotero. Sigo siendo el niño pegado al transistor que en una noche lluviosa escuchaba el Bache y se enamoraba de aquellos compases y sencillez, el que escuchó El que la lleva la entiende. El que ya más mayor seguía a la chirigota ilegal del Gómez, el que se descojonaba con aquellos Fantasmas, el pesao de los Percheros y de la chirigota de Bocu y Miguel Brun. Me siento mejor, me siento vivo, cuando escribo y cuando canto, y al fin he comprendido que no debo nunca arrepentirme de ello. Sólo tengo tres vicios, la lectura, el tabaco y el carnaval. Espero que el segundo se vaya, pero no tengo antídoto ni cura, ni quiero tenerla para el primero y el tercero.
Este año os esperaré en la calle con los Líderes, junto a mis amigos, porque sigo siendo ese niño que quería hacer carnaval, y lo hizo.

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