Este es el título que he elegido para contar una historia. Una historia que no es inventada, pero que por respeto a los que la vivieron contaré sin dar datos reales de los personajes.
Tenemos que situarnos a principios de 1936, en Cádiz. El espíritu revolucionario se está adueñando de la ciudad de cara a las elecciones de febrero. Muchos jóvenes reciben noticias y ánimos para adentrarse en sindicatos como UGT y CNT y también en la actividad política del Frente Popular y dentro de este partido, en las recién inauguradas Juventudes Socialistas Unificadas.
En esto, Alfonso, un joven trabajador, jornalero de jornal, de los que trabajaban 12 horas por un jornal diario cuando podían para ganarse la vida, unas veces descargando sacos en el muelle, otro como pescador, otro en el campo, recibía las noticias de esta liberalizadora juventud rebelde, que llama su atención y decide afiliarse, sin ser uno de los activos, pero sí apoyando las campañas de difusión y manifestaciones de los mismos.
Alfonso no viene de una familia rica pero tampoco pobre, sus hermanas trabajan en la fábrica de tabacos y puede vivir, pero cree que España necesita el revulsivo de unas ideas más igualitarias, quizás pensando en el comunismo del que llevaban noticias a España sin conocerse la crueldad de Stalin en la Unión Soviética. Ese mundo idílico y utópico llamó su atención. Obreros luchando por los obreros, codo por codo, después de años del yugo oligárquico que había padecido Andalucía.
Como hemos dicho participa en manifestaciones, va a la Casa del Pueblo, y celebra como nadie el triunfo del Frente Popular en febrero, a la par que desfila como uno más en la plaza de Toros de Cádiz en el mitin que Largo Caballero y Vicente Ballester dan en mayo de 1936.
Alfonso vivió el golpe de estado en Cádiz, como Varela y sus secuaces avanzaron hasta Diputación y apoyados por Falange consiguieron hacerse con el poder en la ciudad. Él estuvo presente en la Casa del Pueblo como todas las Juventudes, y seguramente estuvo presente en los incidentes posteriores, sin saber ni conocer el grado de su participación.
Tras el triunfo del bando sublevado, Alfonso sabía que tendría problemas, pero no esperaba lo que aconteció. El 25 de Septiembre fue detenido por la Guardia Civil sin saberse hasta ahora de qué se le acusaba, aunque suponemos que por oposición al régimen. Llevado primero a la Cárcel Provincial y luego al Miraflores, donde le esperaba con casi toda seguridad un paseo falangista y la muerte.
Entre tanto, desde hacía años, un mando del ejército pretendía a su hermana, que siempre lo rechazó, por no parecerle interesante. Sublevado Varela y triunfado el golpe este mando del ejército empezó a ocupar una posición de primera fila en la ciudad de Cádiz. Tras el 25 de septiembre llegó la verdadera cara de mucho de los sublevados, que lejos de respetar a las personas, las usaban a su gusto y capricho.
Así, este general, consciente de la suerte de Alfonso, fue a hablar con su hermana, y le propuso salvar a su hermano a cambio de lo que su hermana nunca confesó...
Evidentemente, la forzó a tener relaciones para salvar la vida de su hermano. Ningún documento más apareció de Alfonso, que llevó una vida normal hasta el fin de sus días. Sin embargo, la joven nunca pudo olvidar la vejación a la que tuvo que ser sometida para que no mataran a su hermano.
Es una historia de muchas, seguramente repetida numerosas veces en numerosos sitios de España en lo que fue una barbarie sin precedentes en la historia de España.

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